Colección de relatos de estudiantes del Taller de Literatura 2026
Vengo de donde el viento se rompe contra las torres viejas de la oscuridad que no conoce el amanecer, de un silencio más profundo que el abismo. Mis alas, pesadas por la lluvia y el frío de la medianoche, batieron lento, buscando un refugio donde el vendaval no me arrastrara consigo. Vi la ventana entreabierta, un rayo de luz tenue que se filtraba entre las cortinas, y me acerqué, sin hacer ruido, como la misma sombra que soy. Entré, me posé con la misma firmeza sobre el busto de Palas Atenea, justo encima de la puerta, y allí me quedé inmóvil, silencioso, observando al hombre que estaba en la habitación.
Él estaba sentado, solo, rodeado de libros y recuerdos, con la mirada perdida en la oscuridad, como si buscara algo que ya no estaba. Murmuraba para sí mismo, preguntándose en voz alta qué sonido había roto su calma, y cuando me vio, sus ojos se abrieron de par en par, entre el asombro y el espanto. Me llamó pájaro horrible, antiguo, mensajero del infierno, y me hizo mil preguntas, como si yo fuera capaz de darle respuestas que aliviaran su dolor. Pero yo no vine a consolar, ni a mentir, ni a prometerle lo que el destino ya le quitó. Tengo una sola palabra, grabada en mi ser, la única que sé decir: Nunca más.
Él hablaaba de Leonore. Repetía su nombre una y otra vez, con una voz que se quebraba entre sollozos y rabia. Le preguntó si volvería a verla, si algún día dejaría de sufrir, si el olvido llegaría para calmar su alma herida. Y a cada pregunta, a cada súplica, a cada esperanza que intentaba encender en su corazón, yo respondía con la misma frase, fría y definitiva: Nunca más. No es crueldad lo que me mueve, es la verdad desnuda. Las sombras no mienten. Yo soy el eco de su propia desesperación, el reflejo de lo que el tiempo se llevó para siempre y no devolverá jamás.
Me suplicó que me uera, que dejara de torturarlo con esa palabra, que le atravesaba el alma como una espada, pero yo no me fui, no puedo irme, soy el recuerdo que no se borra, la certeza de la pérdida es eterna cuando se ama con todo el alma. Sigo aquí, sobre el busto blanco, con mis ojos de fuego que no se apagan, viendo como su luz se apaga poco a poco. Mi sombra e extiende sobre él y, en esa sombra, su alma ya no podrá ser libre. Porque mientras yo esté aquí, la palabra que lo destruye seguirá sonando una y otra vez hasta el fin de los tiempos.
NUNCA MÁS.
Entré en la casa de un hombre que se veía muy solitario. Decidí hacerle compañía y el hombre empezó a balbucear, intenté responderle con la única frase que sabía: "Nunca más". El hombre se exaltó y decidí repetir mi frase para ayudarlo a salir de su soledad.
"Nunca más", el hombre se emocionó y siguió hablando, contento yo sigo diciendo "nunca más", el hombre sigue diciendo cosas, no entiendo nada. Lo único que entiendo es que un nombre que el hombre no para de repetir, "Leonore".
Intentando calmarlo repito mi frase estrella: "nunca más". El hombre siguió hablando por mucho tiempo y yo, cada que hablaba, repetía la frase "nunca más". Me quedé mucho tiempo con él para seguir intentando consolarlo o animarlo recitando las palabras que llevo grabadas en mi alma: "nunca más".
Se volvió más agresivo, su casa empezó a cambiar de un ambiente triste y melancólico a uno neurótico. Con sus ojeras cada vez más marcadas, se levantó imponente y empezó a perseguirme, me miraba con odio. Intenté calmarlo diciendo "nunca más" y me posé encima de su puerta, donde podía alcanzarme, y llorando me empezó a decir cosas. Yo solo repetí mi frase "nunca más", lo dije hasta el cansancio, y el hombre parecía cada vez más loco.
Por miedo decido quedarme encima de la puerta, no estoy tonto, no quiero bajar y arriesgarme a que me golpeen. No me iré Nunca Más.
Las y los estudiantes adaptan el relato de Edgar Allan Poe "El cuervo" desde la perspectiva del cuervo, durante el ejercicio son libres de jugar con diversos géneros y no hay límites para el relato, solo la imaginación.
En esta etapa, las y los estudiantes dieron rienda suelta definitiva a su creatividad y crean sus propios relatos.
Envía un correo electrónico a ivan.pacheco.aguilar2001@gmail.com para obtener más información sobre el proyecto